Mientras Bisbal dice que es una pena que las pirámides no sean visitadas por los conflictos poíticos del país un hombre en Lugo se declara culpable de un crimen del que cinco días antes le había exculpado un jurado popular. Al tiempo vemos la primera foto de Shakira con Piqué que confirman su idilio. En la calle se habla de las nuevas princesas de barrio: esas chicas que esperan a los 18 años para que su madre les pague un aumento de pecho o de nalgas. En la esquina de mi calle hay siempre un vagabundo con un cartel diciendo que está en paro y que no tiene para comer. Dice que es de Toledo. Como si este dato fuera a aumentar su recaudación. La frutera del lado de mi casa me cuenta que ha sufrido 8 abortos en su intento una y otra vez de tener un hijo. Mientras me pesa las naranjas me cuenta como la sangre corría a borbontes por entre sus piernas en su último intento. – Por eso estoy tan gorda-, me dice,- de la medicación.- Antes era como un hilito de fina.- Al salir me tropiezo con el ciego que vive dos calles más abajo. Lleva años con su bastón y años tropezándose con todas las papeleras. Acabo creyendo que no le importa tropezarse, que en el fondo lo desea. Mientras choca con la vida no se separa de ella. A cada paso una historia, una secuencia más de esta película en la que participa tanto Bisbal como el cielo de la esquina. Encima el cielo común a todos pero distinto en cada mirada que le lanzamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario